lunes, 17 de junio de 2013

Beto Orbegoso - Capitulo 8 -




Mañana transparente, como nube ciega, fuera de este mundo. Beautiful.

Beto  me llama, me dice que recibió mi correo electrónico, que ya no vive más en esa suite elegante de Miraflores, que vaya a su departamento. Que la tragedia de Rosario no lo deja dormir y me deja su dirección. La cita es a las 8 de la noche.
El taxista va despacio por todo Angamos, es un señor bastante mayor, un señor de unos 60 años, que maneja despacio pero seguro. Yo no sé si estoy nervioso o mal, repito mi nombre constantemente – Joaquín, Joaquín, Joaquín- y cierro los ojos. El señor de 60 años llegó por fin a la calle Bolivia en Miraflores. Es un edificio blanco, donde un vigilante lee un periódico dentro.

-       - ¿ A quién busca?
-       - A Beto Orbegoso
-       - Ah, sí, lo espera, pues – Dice en un tono cómplice el guardián

Marco tercer piso en el ascensor plateado, 302, toco el timbre. Beto Orbegoso, me recibe con una chaqueta negra de cuero y un pantalón hippie, unos lentes enormes al mismo estilo superman y un vaso de vino. Me invita cerveza, se le ve distinto, no quiero tocar el tema de Rosario.

-      - ¿Estás bien?
-    -   Jodido, estoy jodido. Todo iba bien, pero esa chola de mierda de Rosario tenía justo que morirse, que mala suerte, justo el serrano de su ex enamorado la tuvo que matar, estoy jodido.
-      - Pero fue un asesinato, ella no sabía nada.
-      - No me importa, esos cholos son así, y ahora me quieren echar toda la culpa a mí. Yo no tengo la culpa Joaquín. Ahora el dueño del canal me exige unas vacaciones
-       -A dónde irás – Pregunto mientras tomo suave un vaso de cerveza Pilsen
-       -A  Nueva York, unas vacaciones para  que todos olviden a la finada y yo vuelva a tener mi vida de siempre
-       -Olvidarán acaso que Rosario fue invitada a tu programa En Amor a la Verdad
-       -Acá en el Perú se olvidan de todo, de absolutamente todo.
-       -Tu depa, está bonito – Le digo para calmar un poco las tensiones
-     -  Es un departamento alquilado, es pequeño pero acogedor, pero igual tengo que irme un tiempo Joaquín, los hijos de perra de Carillas, me quieren joder y seguir jodiendo. Estoy harto de esos imbéciles. Ahora quiero irme lejos y olvidarme de todo, unos meses, no sé. ¿ En cuánto tiempo, se olvidarán del caso de Rosario?
-       -No sé, supongo que pronto – Digo para calmarlo.
-       -Eres el único que me escucha – Me sirve más trago
-       -Soy tu amigo
-       -Tengo pocos amigos, casi ninguno. Todo lo de la tele es mentira, todos son unos falsos hasta el culo. Y el único ángel que tengo por ahora eres tú, que jamás me fallarás. Quiero que vayas conmigo un tiempo a Argentina Joaquín.
-       -Después que pase la tormenta de Rosario – Miento, no quiero ir de viaje.
-       Sí, tienes razón. Esa chola maldita, me jodió, imagina, no he podido dormir desde que me enteré que la mataron. Y encima, sus padres quieren hablar conmigo. Dime, yo que tengo que hablar con esos.

Observa detenidamente Miraflores, mientras seguimos tomando y hablando de la muerte de Rosario. Beto recibe una llamada y dice que me tengo que ir, que está a punto de llegar Martín, su chico, que no sabe que estoy ahí. Me abraza y encarga unos papeles, me hace prometer que jamás lo abriré y me abraza de nuevo. Me hace prometerle de nuevo que jamás abriré esos documentos. Me despido, salgo de su departamento. Saliendo del ascensor el vigilante saluda a un chico no tan alto, de rasgos selváticos y que me parece conocido.

-    -   Cómo está señor Martincito
-     -  Bien, bien. ¿Está el cabro?
-      - Sí.

Nos cruzamos, y tenía una mirada casi de felicidad, una mochila negra y un polo con una foto estampada de posiblemente su hija.







lunes, 10 de junio de 2013

MEMORIAS PERDIDAS






Jus lo front port vostra bella semblança 
                                                                                                  Jordi de Sant Jordi


Sandra había venido a Perú desde Canadá para alojarse temporalmente conmigo. Un hotel que había conseguido cerca de la casa de mis padres, era el lugar más cómodo que conseguí acorde a nuestro ajustado dinero. Ella pagaría el hotel y yo las comidas. No recuerdo que fecha fue, sólo recuerdo que  mentimos a nuestros padres. Yo le había dicho a los padres de Sandra que ella se quedaría en la casa de mi amiga Daniela, y yo no  había dicho nada a mis padres, simplemente iba desaparecer.

Sandra llegó casi de madrugada y nos instalamos en el cómodo hotel con nombre Inca. Estaba cansada por el viaje, mi padre esa noche llamó muchas veces, contesté y le dije que me quedaría un tiempo largo con Sandra, simplemente colgó. Sandra y yo estábamos bien enamorados, nos queríamos casar, queríamos tener un hijo, queríamos todo. No nos habíamos visto desde hace meses y pasamos casi toda la madrugada charlando de nuestro futuro. Yo había dejado mi carrera en la universidad y ella trabajaba en una tienda de ropa en Vancouver, los planes eran claros. Ella iba sacar su nacionalidad  y vendría para casarnos, juntar algo de dinero e irnos a Canadá a vivir por un periodo.

Las noches pasaron bruscamente, el dinero se agotaba y el día de su viaje  de vuelta estaba llegando. Nuestro afán por tener un hijo era notorio, pasábamos la mayor parte del tiempo en esa habitación. Y salíamos para comer y para bailar salsa. Cuando el dinero escaseaba y el pollo a la brasa ( el preferido de Sandra) no nos provocaba, íbamos a la casa de mi madre, que gentilmente nos atendía. Sandra se volvió un engranaje principal en mi vida, todo giraba en torno a ella, había dejado de escribir en la revista donde escribía, porque el amor me tenía zombi y no podía escribir otra cosa que cartas a Sandra. Ella estaba feliz, porque yo era un payaso, escritor y ligeramente culto, y a ella le encantaba eso, además que la adoraba en todo el sentido de la adoración.  Sandra y yo fuimos muy felices esos veinte días que duró nuestro encuentro.

Había pasado por mi mente pedirle a Sandra que se quede para siempre, que  no regrese a Canadá, que abandone a su familia y que se quede conmigo, que hagamos una familia y que tengamos a la tan ansiada Brianna, nombre que ella inteligentemente eligió para la hija que queríamos tener. No le pedí que se quedara, porque sería demasiado canalla, pedirle que abandone por completo su familia, y no se lo dije.

Fue un día bastante triste y frio, en la cual Sandra se fue. El taxista que nos estaba llevando al aeropuerto fue un inoportuno total,  no dejaba de hablar y nos preguntaba a dónde íbamos. Le contesté que éramos dos estudiantes y nos íbamos hacia Vancouver, el señor empezó a contar su historia como Chef, mientras Sandra no dejaba de llorar en mis brazos. Una vez en el aeropuerto Jorge Chávez,  la vi como tramitaba todo para que se vaya, estaba muy triste, ambos estábamos tristes. Su vuelo era a las 5 de la mañana y eran las 10 de la noche. Teníamos que pasar todo ese día en el aeropuerto. Comimos algo y luego nos dedicamos a prometernos cosas; que ella regresaría, que yo no sería infiel, y otras promesas de amor. Dormí en las piernas de Sandra en una banca del aeropuerto. Ella estaba acariciándome la cabeza, llorando, yo me hacía el dormido. No quería que se vaya.

Sandra se iba lentamente por el pasillo con lágrimas en los ojos, mientras yo la veía con la leve esperanza de que se arrepintiera y regresara. Me quedé una hora esperando a que volviera, que dejara el avión, pero ella jamás regresó. Eran las siete de la mañana y yo me iba lento, agotando la última esperanza tuerta.

Las cosas cambiaron cuando Sandra se fue, mi familia se había enterado que dejé la universidad, extrañaba a Sandra y necesitaba dinero. Me puse a escribir en una revista que dirigía un famoso periodista peruano, y ese era mi sustento de vida, mientras trataba de conseguir por otros negocios más dinero. Sandra y yo hablábamos constantemente cuando se podía. Sandra no conseguía trabajo y se ahogaba en deudas, me pidió dinero, me dijo que ella había aportado más en el tiempo que estuvo acá. Yo no tenía dinero, no sabía de donde conseguir, le pedí al famoso periodista que me prestara el dinero y que con mi sueldo miserable de escritor mediocre, pagaría. El periodista me lo prestó, estaba dispuesto a pagarle a Sandra, guardé el dinero. Nuestro relación iba mal, Sandra enloqueció por las deudas, y yo agarraba un poco del dinero prestado para vivir más decentemente. Sandra optó por terminar la relación por un besuqueo que tuve con una amiga que había venido de Boston, que no fue nada, sólo un baile y un pico. A pesar, de las explicaciones Sandra no me quiso creer y dio por terminada la relación. Me pidió que le pagara.

Cobardemente no quise todavía pagarle, el dinero estaba ahí, Sandra se enteró de algunas mentiras mías que sólo elevaban más mi egocentrismo. Y decidió salir con un chico americano que estaba de visita en Vancouver y respondía al nombre de James. Cuando me enteré no quise creerlo y la llamé, grave error. Sandra me confesó que se había besado con James en más de una oportunidad y que sus padres estaban muy contentos de ese nuevo galán. También me dijo que le pagara, que yo tenía una deuda con ella.

La madre y el padre de Sandra me escribieron un mail, diciéndome que le pagara, les respondí con el hígado y dije que no le pagaría que no tenía el dinero. Falso, el dinero lo tenía en una cuenta de ahorros, pero por la cólera aún no quería pagarle a Sandra. Esta respuesta originó que Sandra y toda su familia respondieran con insultos, llamándome maricón, cabro y rosquete, adjetivos que jamás me molestaron, pero que me dolió que Sandra me lo diga. Llamaron a mi padre para que él pagase mis deudas, mi padre estaba molesto porque yo había abandonado la carrera y no nos veíamos casi nunca, así que no quiso pagar nada.

Le prometí a Sandra que le pagaría, nuestras conversaciones eran bastante frías, ella casi no estaba, porque siempre me decía que estaba saliendo con un chico y no tenía tiempo de nada, ni mucho menos hablar conmigo. Me fui a la sierra de peregrinación, para ver si sucedía un pequeño milagro y Sandra abriera los ojos. En ese pueblo no había comunicaciones y jamás pude hablar con Sandra. Al llegar a Lima en cuatro días, Sandra había cambiado, publicó fotos de ella con un chico en un auto. Yo enloquecí y le dije que era una mala mujer, una  casquivana cualquiera. Eso hirió demasiado a Sandra y me dijo que yo era un cabrón. Qué le pague y que jamás volvería conmigo, que estaba muy feliz.

Luego de eso, Sandra cambió y se dedicó a insultarme por mails, a hacerse amiga de mis amigos y que actualmente no lo son más. Sandra se volvió mi enemiga, se separó de James y se metió con otro americano que tiene mucho acné y responde al nombre de Peter. Comprendí por fin que Sandra se había olvidado de mí, pero no de la deuda. El dinero se me acabó en putas, casino y en el hotel donde estuve hospedado por unos días. Lo gasté porque sentí que Sandra me había engañado, había jugado con mis sentimientos, que jamás me amó y que ahora jugaba cariñosamente con Peter, un gringo alto con problemas de acné, al que juraba amor eterno. Por mi lado, yo jugaba con una Chilena cariñosa que era hippie y fumábamos marihuana en el hotel Thunderbird de Miraflores, que me lo pagaba el generoso periodista y amigo mío, que ya no es mi amigo.

Sandra y yo perdimos comunicación  y  lo último que intercambiamos fueron mails que ella me envío con su cuenta bancaria para que le pagase el dinero que yo le debía y que prometí pagar y que hasta ahora no pago. Sandra está muy feliz con Peter, han viajado a Acapulco y planean tener  una bebé que se llamará Brianna, en cuanto se solucione el problema de fertilidad que se le diagnosticó a ella. Yo estoy soltero y con leves amoríos con algunas chicas, a raíz de la separación con Sandra estoy escribiendo en algunas revistas, retomé una carrera universitaria y tengo una relación normal con mis padres.


Sandra planea casarse con Peter y no quiere saber nada sobre Joaquín, o sea yo, tampoco planea volver a la ciudad gris que es Lima. Mientras yo planeo un viaje, no sé a dónde, por supuesto, solo.

sábado, 8 de junio de 2013

LECCIONES PARA OLVIDAR


" Un halo
de santidad
tiembla
en la luz de neón.

Limón
Amarillo.
Lindita Arapi



Olvida las cartas escritas, los poemas, las canciones. Olvida su cuerpo, su risa, su cabello. Cambia de celular, de ritmo de son. No escuches jamás, ni por casualidad las canciones que solían escuchar. Rompe las fotos, las películas y las cosas regaladas. Olvida su dirección  y su teléfono. Olvida su cumpleaños y tu cumpleaños.  Toma todo lo que puedas, hasta que tu hígado no de más. Cambia de look, de nombre, de apodo. Usa lentes oscuros, grandes, tipo aviador. Fuma como chino en quiebra. Escribe, escribe y sigue escribiendo. Enciérrate en tu cuarto y fuma leyendo poemas de Blanca Varela o de Pizarnik. Escucha James Brown. Analiza tus problemas, canaliza. Bloquéala de todo. Que no te pueda ver, que se esfume. Ustedes jamás se conocieron, fue una burla de dios. Dedícate un día entero a bloquearla de todo, absolutamente de todo, a ella, y a todos sus familiares y amigos. No hables, eres mudo.

Cambia de dealer, de chamo, de capitán. Cómprate ropa y más ropa. Vete a la peluquería de moda y que el cabro que atiende experimente contigo. Listo. Charlie. Cambia de fono y de tabas. Salsea, y si no sabes bailar, aprende. Habla despacio con moderación, como si estuvieras en la tele. Escucha, a las mujeres les gusta que escuches. No cuentes tus penas absurdas de tu ex. Si quieres llorar como María Magdalena, hazlo, pero solo. No hay mejor compañera para el dolor que la soledad. Coloca tu Cd favorito y sóplate todo el champagne a nombre de ella, es el último ritual que celebrarás.

Si se ven, no la mires. Calma, patience, toda mujer te hará pensar que ella está más feliz que tú.  Tienen ventaja, toda mujer tiene dos pretendientes, dos pavazos que están atrás. Tú no.  Fácil. Llama a tu amiagarre.

 La tarea no es fácil en las noches vas a recordarla puedo escribir los versos más triste esta noche que Neruda no te pegue el romanticismo, please, stop. Qué no se te ocurra por nada del mundo llamarla en la noche. Prepárate, pronto ella estrenará nuevo galán y tú seguirás siendo el eterno solterón. No hagas caso, el mundo da vueltas, vas a encontrar a alguien. No te hagas paltas. Sigue tu rumbo. No hagas caso a tu achorado corazón, cuando necesites verla. Por favor. No hagas caso.


domingo, 2 de junio de 2013

ANSIEDAD



Me acabo de tomar 60 pastillas, suficiente para matar a un elefante.
Andrés Caicedo a Patricia.


Casi no he dormido, he tomado demasiado lo que quiere decir que mi tristeza sigue en picos bastante altos. He tratado de borrar de mi mente toda pista ciega de tus recuerdos, pero ya me acostumbre a la idea de navegar suave por el abismo de tus besos, tus risas, tus cabellos al flote aromático de tus perfumes. Ya me acostumbre a todo eso. Pero también recuerdo el adiós profundo. Como una daga maldita apuñalando el infame corazón papel de este poeta triste, que ahora se acurruca en sus letras preñadas de vacío, por tu culpa, por tu culpa, por tu maldita culpa.

Me veo tan solo y en silencio. Justo este domingo que proso estos versos, esta lejanía. Este clavel, este dolor. Hoy iba a escribir una crónica arrabalera, pero el corazón no me da para más y por eso te estoy escribiendo otra carta, que jamás será leída por ti, que doblaré y pondré en el lugar que tienen las otras  54 cartas escritas en todo este tiempo que no nos hemos visto, ni tampoco escrito, ni tampoco hablado. Te has perdido y me he perdido. Ahora somos dos extraños, la única diferencia es que tu vida ya se recuperó muy fácilmente, pero yo no, sigo acá. Mírame. Como mis ojos se pierden por tus pupilas. Obsérvame, como mis sentimientos aún no pierden la fragilidad.


Hoy es un domingo frio y triste, frio y triste. Y lo único que quizás puedo pedirte, es que te quedes, que te quedes, que te quedes, que te quedes. Que vuelvas, que vuelvas, que vuelvas, que vuelvas, que vuelvas, que vuelvas. Que te quedes. Que vuelvas. Que sienta de nuevo que jamás te has ido. Y volver a observarte cual gato, como te quedas dormida al costado mío.

viernes, 24 de mayo de 2013

NEBLINA



Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue
Pizarnik

Cielo ceniza en  Lima rasguñando el viento, como lenta garua. Casi helado en la banca del parque Marco sentado, observa lentamente el andar de pájaros, mientras espera una llamada. Césped verde plata, salpicado por el sol que lento se escurre brilloso entre las piernas lampiñas de Marco. Entre la garganta, amargo fluir, saliva pasando despacio como filudo llanto.
Caminando con el pan bajo el brazo y casi buena moza, una chica de uniforme blanco pulcro: ¿Será enfermera?  ¿Será Natacha ? Piensa Marco entre el frio pálido que lima ofrece. Los edificios de seis pisos. Saboreando las chispas terciopelo del viento. Olor a Kola Inglesa. Qué rico. Kola Inglesa. Kola. Kola. Kola Inglesa, piensa Marco inhalando y exhalando el pucho infernal que lleva en los dedos.
La llamada pendiente y un VW que se estaciona frente al edificio azul con blanco. Sí. La casa de la señora que salió por la tele denunciando a su vecino sindicalista. El muchacho habla con el tipo gordo del carro, abre la puerta – tiene llaves- del edificio, también abre la puerta 203. En el interior la señora viendo un programa de espectáculos, olor a desayuno. Pan caliente. Olor a tamal recién abierto.

Un bala. El grito, el llanto, de la misma chica de uniforme blanco, bella como princesa, como su ex, mejor que su ex, que lo dejó, gritándole, ladrón, sucio, sucio. Pero él no es sucio, ni ladrón. Es inocente, tiene el alma inocentemente prole.

miércoles, 22 de mayo de 2013

CÓMO NO TE VOY A QUERER



La garua cae levemente, mientras yo enciendo ya el cuarto cigarro. Soy nada en este andar, en este día tan triste. Quizás me estoy poniendo demasiado melancólico, demasiado cursi, demasiado romántico. Y entre tanto azul invierno te encuentro, mirándote al espejo, cambiándote, diciéndome a qué hora vamos a salir a bailar salsa. Y yo tan aguafiestas. Tan tontamente aburrido, prefiero salir a comer a un restaurante lindo. Y ahora entiendo, que es muy tarde para arrepentirme de los bailes no realizados, de los besos no dados, de los abrazos no recibidos, de los te amos no dichos. Y es tonto de mi parte recordar todas estas cosas que por mi mente están pululando últimamente, es tonto porque no estás y no estarás.  Y yo acá dibujando en mi memoria todos los tulipanes regalados, sólo para ver esa sonrisa casi perfecta, como un ángel, como una dama princesa.

Y ahora, te imagino, maquillada y feliz. Y yo acá triste, devorándome, sin ser devorado. Queriéndome morir, y en realidad no matarme. Extrañando y extrañándome al mismo tiempo. Olvidándote y caer en el intento. Definitivamente el invierno me pone demasiado triste.

jueves, 16 de mayo de 2013

VERBOTEN




            El deseo es un lugar que se abandona
la verdad desaparece con la luz
corre-ve-y-dile.
Blanca Varela



En Lima se respira una fría neblina ciega, los dorados rayos del sol menean cada vereda, rasguñando la locura exacta de la ciudad más triste del planeta. Fumando un cigarro en la mano derecha Joaquín se coloca despacio los lentes oscuros, mientras piensa en ese amor, casi tan prohibido, casi tan agónico.


He visto tus ojos, te he querido, te he amado en ese maldito instante. Te estoy pensando, te estoy soñando y por lo tanto te estoy volviendo amar. Quiero que voltees a mí y arañes despacio ese tiritar de tu vida, no me tengas miedo. No nos hemos visto ya hace más de cinco meses, te has alejado y entiendo perfectamente el por qué de ese distanciamiento brutal. Y de pronto, cuando te estoy olvidando o mejor dicho, estoy olvidando nuestras noches. Me tocas la espalda y me miras, y claro, que bendición, que derrame de lujuria en sólo una mirada. Y de pronto, te he llamado luego del leve encuentro y jamás me has contestado.
Entonces, te miro en mis recuerdos. Esas noches donde la hierba te ponía tan feliz, tan pero tan feliz, y yo con mis ojos tan rojos, tan violentos, abrazándote, sin la necesidad de querer abrazarte. Y nos hemos besado, querido, amado – si cabe la palabra-. Porque amarnos, no está en nuestros planes trágicos. Tu vida y mi vida son tan distintas. Yo carezco de amor y tú lo tienes en abundancia. En pocas palabras, yo soy tu nada y tú eres mi todo.
Bendecido amor, te quiero y te venero, te adoro y te suspiro. Pero sólo me haces caso cuando en un rapto de ternura maldita, me llamas, me buscas, me exclamas, y fumamos como dos locos. Como dos amigos infinitos. Y nos amamos de nuevo, o mejor dicho, tú me amas por el afán de la hierba recorriendo tu cuerpo, y yo te amo por mí y por ti, mientras la hierba me hace toser más de costumbre.
Tus labios me saben a verde dolor. Esa amargura recorriendo tu labio inferior, y el remolino de ese sabor reventando mis mejillas. Soy tan feliz. Pero de pronto, querido amor, me abandonas, en el peor sentido del abandono. Y sé que es mucho pedir, que te acostumbres a mí, a mis manías, a mis huevadas. Pero sólo te pido una cosa, cuando estemos solos no me ignores. Sé que sientes algo por mí,  que esa embriagues que te produce la dulce llama de tu imaginación, evoca que me ames. Entonces, como te decía, sólo te pido una cosa. Quiéreme en tus noches, en tus sueños. Quiéreme cuando me pienses, cuando me alucines, cuando me desvistas.
Y ahora que te recuerdo en esta ciudad tan fría y donde pululan los enanos. Quiero de pronto que salgas de mi mente, pero no puedes o no puedo, o no quiero. Y me derramo en el eterno llorar verraco. Esas lunas escondidas, ese amor que estoy viviendo y como siempre este amor tan prohibido, tan tosco. Espero que recibas esta carta de puño y letra, que te mando con un nombre falso, para que no tengas miedo.

Siempre por ti

Joaquín




Foto: Rocio Baudouin